La maloclusión dental es un problema frecuente que afecta a la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores al morder. No siempre es solo una cuestión estética: muchas maloclusiones dentales pueden influir en la masticación, el desgaste de los dientes, la salud de las encías e incluso en molestias de la articulación mandibular. Entender qué es, por qué ocurre y qué señales sugieren que conviene valorarla ayuda a tomar decisiones a tiempo, especialmente cuando hablamos de maloclusión dental infantil o de maloclusión dental en niños.
Qué es la maloclusión dental y cómo afecta tu sonrisa
Se considera maloclusión cuando el “encaje” entre arcada superior e inferior no es el adecuado. Puede deberse a la posición de los dientes, al tamaño y forma de los maxilares o a ambos. En algunos casos el impacto es leve y apenas se nota; en otros, el desajuste provoca apiñamiento, espacios, asimetrías y una mordida inestable.
A nivel funcional, una maloclusión puede dificultar la masticación eficiente, favorecer que se acumule placa en zonas difíciles de limpiar y aumentar el riesgo de inflamación gingival. También puede generar un reparto irregular de fuerzas que acelera el desgaste dental o hace más probable que se fracturen pequeñas cúspides con el tiempo. En determinadas personas, el desequilibrio de la mordida se asocia a sobrecarga muscular o molestias en la zona de la mandíbula, especialmente si además existe bruxismo.
Tipos de maloclusión: sobremordida, submordida, mordida cruzada y abierta
La maloclusión se clasifica de distintas formas, pero hay cuatro tipos muy habituales por su forma de afectar a la mordida.
Sobremordida
La sobremordida ocurre cuando los dientes superiores cubren en exceso a los inferiores al cerrar la boca. Una ligera sobremordida puede ser normal, pero cuando es marcada puede aumentar el riesgo de desgaste, sensibilidad y, en algunos casos, impactar en la encía o el paladar. También puede relacionarse con apiñamiento y con una sonrisa que “oculta” demasiado los dientes inferiores.
Submordida
En la submordida sucede lo contrario: los dientes inferiores quedan por delante de los superiores al morder. Puede estar relacionada con el crecimiento mandibular, con factores hereditarios o con hábitos y desarrollo. Además del cambio estético del perfil, puede dificultar el corte de alimentos con los incisivos y generar contactos dentales no ideales.
Mordida cruzada
La mordida cruzada se produce cuando uno o varios dientes superiores muerden por dentro de los inferiores, ya sea en la zona anterior o posterior. Puede ser unilateral o bilateral. En niños, es especialmente importante detectarla porque, si se mantiene, puede favorecer asimetrías de la mandíbula o un patrón de mordida compensatorio. En adultos también puede generar desgaste y sobrecarga en ciertos dientes.
Mordida abierta
La mordida abierta se da cuando, al cerrar, quedan dientes sin contacto, normalmente en la zona anterior (los incisivos no se tocan). Puede dificultar morder alimentos, influir en el habla y suele estar muy vinculada a hábitos orales prolongados o a patrones musculares. En maloclusión dental infantil, una mordida abierta anterior es relativamente frecuente cuando hay succión digital o uso prolongado de chupete.
Causas comunes de la maloclusión en niños y adultos

Las causas suelen ser multifactoriales. En muchas maloclusiones dentales existe un componente hereditario: tamaño de los maxilares, forma del arco dental o tendencia al apiñamiento. A partir de ahí, aparecen factores que pueden agravar o desencadenar el problema.
En la maloclusión dental en niños, los hábitos orales tienen un peso importante. La succión del dedo, el uso prolongado de chupete o biberón, o ciertos patrones de deglución pueden modificar la posición de los dientes y el desarrollo de la mordida. La respiración oral crónica (por ejemplo, por obstrucción nasal mantenida) también se asocia a cambios en el desarrollo facial y dental en algunos casos. Además, la pérdida temprana de dientes de leche por caries o traumatismos puede provocar desplazamientos y falta de espacio para los dientes definitivos.
En adultos, además de arrastrar problemas desde la infancia, pueden influir el desgaste dental, el bruxismo, la pérdida de piezas (que hace que los dientes se muevan), y ciertos problemas periodontales que favorecen migraciones dentarias. También es frecuente que el apiñamiento aumente con los años, especialmente en los incisivos inferiores.
Señales que indican que necesitas tratamiento ortodóntico
No todas las maloclusiones requieren tratamiento, pero hay señales que justifican una valoración por ortodoncia, sobre todo si afectan a función, higiene o estabilidad a largo plazo.
Si notas que morder o masticar te resulta incómodo, que “no encajan” bien los dientes o que evitas masticar por un lado, conviene revisarlo. También es recomendable consultar si hay desgaste acelerado, fracturas pequeñas repetidas, sensibilidad sin causa clara o si se te “cansa” la mandíbula al comer. El apiñamiento importante o los espacios que dificultan la higiene diaria son otra razón frecuente, porque aumentan el riesgo de caries e inflamación gingival.
En niños, es importante valorar si hay mordida cruzada, mordida abierta marcada, desviación de la mandíbula al cerrar, o si los dientes definitivos están saliendo muy sin espacio. También se recomienda revisión si persisten hábitos como succión digital, o si hay respiración oral mantenida y cambios en la forma del paladar. Detectar una maloclusion dental infantil a tiempo puede permitir tratamientos interceptivos más sencillos, guiando el crecimiento y evitando complicaciones posteriores.
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En general, el tratamiento ortodóntico no se decide solo por estética, sino por el conjunto de factores: estabilidad de la mordida, salud de encías, facilidad de higiene y prevención de desgaste. Una revisión personalizada es la mejor forma de confirmar si tu caso necesita intervención y cuál sería la alternativa más adecuada.